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Marcelino Lobato, el eterno peregrino



Con idéntico atuendo que "Zapatones" pero una barba infinítamente más larga, Marcelino Lobato es otro de esos curiosos personajes que han surgido de la ruta. Con una credencial que, como si de un rollo de papel higiénico se tratara, mide varios metros, Marcelino se dedica a recorrer el Camino de forma incansable. Aparece en periódicos de toda España, asiste a la ceremonia de apertura del año Jacobeo con las autoridades y da conferencias como peregrino experto que es. Como famoso que se precie suele llevar fotos suyas para regalar. Aún guardo una en blanco y negro en la que aparece junto con una paloma blanca. Por si fuera poco, lleva siempre encima un sello y un bote de tinta para estamparlo en las credenciales de los peregrinos que se encuentra en el camino. Genio y figura.

Me cuentan que en los últimos tiempos, cuando Marcelino se cansa de caminar, pasa los días en su “oficina”, una sencilla marquesina de madera en las afueras de Logroño donde espera a los peregrinos, a quienes regala un rato de su amena charla, algo de fruta e incluso algún que otro bordón.

Y no me cabe duda de que lo agradeces, porque el Camino está hecho de pequeños detalles como estos, que lo convierten en una ruta mágica incomparable con ningún otro recorrido del mundo. Además, ¿qué sería del Camino sin estos entrañables pícaros modernos?

"Zapatones", el peregrino omnipresente en la Plaza del Obradoiro



Desde que el primer peregrino recorrió hace más de mil años el Camino de Santiago ha existido la picaresca. Buscavidas de toda índole en forma de hospitaleros, peregrinos, comerciantes, guías o incluso párrocos. La mayoría no hacen daño a nadie -tal vez sea esa la diferencia entre pícaro y maleante- y se dedican únicamente a vivir de lo que pueda darles la ruta. Una comida gratis aquí, un regalo allá… Otros simplemente buscan fama, ser reconocidos como el peregrino oficial o algo así.

Uno de estos personajes nos lo encontramos al llegar a la compostelana plaza del Obradoiro. Su atuendo, el habitual de los peregrinos medievales, con su capa, su sombrero de fieltro y su bordón no dejan lugar a dudas. Suele estar allí plantado, como si fuera uno de esos romanos recién salidos de un cuento de Asterix que posan junto al Coliseo de Roma en busca de alguna propina. Pero Zapatones no busca propina. Él se conforma con contar a quienes llegan a Santiago rocambolescas historias en las que se convierte en una suerte de “peregrino oficial”.

José María Alonso Marroquí, párroco de San Juan de Ortega



José María Alonso Marroquí, durante tantos años párroco de San Juan de Ortega y famoso entre los peregrinos por su tradicional y ejemplar hospitalidad jacobea aderezada con sabrosísimas sopas de ajo.




D. Elías Valiña Sampedro o "cura do Cebreiro"

Busto de D. Elías, situado entre la Hospedería y la Iglesia de O  Cebreiro
D. Elías Valiña Sampedro, o "cura do Cebreiro", como gustaba denominarse fue un personaje de extraordinario relieve no sólo para la historia de O Cebreiro, sino también para la promoción del Camino de Santiago en general.

Elías Valiña Sampedro nace en Lier, en el municipio de Sarria (Lugo), el 2 de febrero de 1929 y muere en diciembre de 1989. A los 12 años ingresa en el Seminario de Lugo, donde continúa hasta acabar los Estudios Eclesiásticos en 1953.

Para completar y ampliar su formación se matricula, en 1957, en la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de Comillas. Superados con éxito los dos cursos (con cuatro matrículas, siete sobresalientes y un notable) se licencia en 1959.

En este mismo año se presenta a los exámenes de traducción y lengua francesa en el "Institut Catholique" de Paris y obtiene los dos diplomas.

Finalizada esta etapa formativa, es nombrado párroco de O Cebreiro inmediatamente, el 22 de septiembre de 1959, con el anejo de San Antonio de Pedrafita. Desde entonces, el "cura do Cebreiro" dedicará toda su vida a esta comarca, de la que saldrá en contadas ocasiones. Parte del año 1960 lo pasó en Buenos Aires, "por razones de apostolado y otros asuntos afines". Las demás ausencias estuvieron motivadas por razones de estudio e investigación, la mayoría de ellas relacionadas con el Camino de Santiago.

En los años 1961 y 1962 realiza los cursos de doctorado en la Universidad Pontificia de Salamanca, elaborando una tesis sobre "El Camino de Santiago. Estudio histórico-jurírico" y defendiéndola en esta Universidad el 5 de mayo de 1965.

Elías Valiña fue de lugar en lugar, de Iglesia en Iglesia, por las Universidades europeas, por los foros internacionales... predicando el buen ser de su patria y hablando de la comarca de O Cebreiro, así como de la importancia del Camino de Santiago para la unión europea.

En 1984 emprendió la señalización del Camino de Santiago, con flechas amarillas, desde Francia hasta Compostela. En el trayecto gallego realizó varios trabajos de limpieza, recuperación de tramos perdidos, enumeración kilométrica, etc. Hoy se consideran su trabajo de señalización como la delimitación más segura de los tramos originales de la ruta jacobea. Por todo esto puede decirse, sin duda, que D. Elías fue el más importante conservador y promotor del Camino de Santiago como ruta de peregrinación y turismo. De ahí que fuese nombrado por unanimidad comisario del Camino de Santiago durante el I Encuentro Jacobeocelebrado en Compostela en 1985. Inicia entonces la publicación del Boletín del Camino de Santiago, con la finalidad de promover la creación de asociaciones de Amigos del Camino de Santiago, que velarán por la conservación de sus respectivas parcelas a lo largo de la ruta.

Pero su interés por el Camino de Santiago no hizo que descuidara su labor en la comarca de O Cebreiro; al contrario, fue uno de los que más luchó para favorecer el desarrollo económico y cultural de esta zona de la montaña lucense. Nada más hacerse cargo de la parroquia de "O Cebreiro" inició las gestiones para conseguir la restauración de la iglesia, la hospedería y el poblado, en peligro de extinción. La Dirección General de Arquitectura se encarga de elaborar un proyecto de restauración de O Cebreiro y el 7 de abril de 1962 recibe de Francisco Pons-Sorolla y Arnau los planos y el proyecto, iniciándose las obras inmediatamente. El 30 de agosto de 1964 el Santuario ya está restaurado y se procede a la consagración de la Iglesia. Las obras continúan con el poblado: a los vecinos se les dota de casas nuevas y sus viviendas, las pallozas se rehabilitan y pasan a depender de la Dirección General de Bellas Artes. En 1971 se inauguró un Museo Etnográfico con sede en las pallozas.

Más palos te da Pablito...


Algunos peregrinos aguantan las primeras etapas sin bordón. A falta de ese apoyo, las caminatas son más incómodas, el esfuerzo se lleva peor, las rodillas y la espalda se resienten. Les tienta la posibilidad de comprarlo en alguna tienda de Pamplona o Estella, pero aguantan. Prefieren aguantar. Porque saben -la noticia corre por todo el Camino- que en Azqueta les espera Pablito: el hombre que regala varas. Hay incluso peregrinos que llegan con modernos bastones telescópicos, con sus puños ergonómicos antideslizantes, tres tramos plegables de aluminio y cinta de ajuste a la muñeca. Pero cuando alcanzan Azqueta, siete kilómetros después de Estella, los cambian por una simple vara de avellano. 


Pablito Sanz, «el hombre que se ha hecho famoso por dar palos» -como dicen en el pueblo-, lleva veinticinco años regalando varas a los peregrinos. Calcula que entrega entre ochocientas y mil al año. En total, unas 20.000 desde que empezó con esta costumbre a principios de los años ochenta: «Yo veía que los peregrinos pasaban con unos palos muy malos, recogidos en cualquier sitio. Un día en la zona de Belate corté unas setenta u ochenta varas de avellano, que es resistente y ligero, y me las traje hasta casa en mi Seat 127. Y las empecé a repartir».

Pablito espera en la orilla del camino, en lo alto del repechón por el que llegan jadeando los caminantes. Le gusta charlar con ellos. «Hoy en día a muchas personas no les gusta hablar con los demás», dice. «No hay costumbre, no hay confianza. La gente ya no cuenta cosas. Y eso es importante». A los que llegan sin bordones o con bastones malos les ofrece uno de las suyos. Les invita a la parte trasera de su casa, donde almacena haces de varas, calabazas que él mismo cultiva para regalar a los peregrinos y conchas que le envían desde Galicia porque éstas no, éstas no puede sembrarlas. También tiene un montoncito de raíces leñosas de consuelda, una hierba con la que se preparan emplastos, cataplasmas y compresas para cicatrizar heridas y reducir inflamaciones, ideal para las rozaduras, los esguinces y las tendinitis, incluso para aliviar la artritis que el propio Pablito padece. Y en un jardincito de esa parte trasera se levanta un tesoro: una estela de hace ochocientos años, en la que aún se aprecian, borrosas, una Cruz de Santiago y una Cruz de los Caballeros de Malta. «La sacó una pala del campo y me la traje. El destino ya está hecho», dice Pablito. A los peregrinos que el destino le trae no sólo les regala una vara sino que les enseña a usarla. «Es que hay mucha ignorancia en el Camino, algunos no saben ni llevar la mochila. Y muchos vienen con bastones cortos. ¿Cómo aparece Santiago en las imágenes? ¿Con una vara larga, más alta que su cabeza! Una vara no es un bastón. Tiene que ser un palmo más alta que el peregrino. Y hay que saber agarrarlas. En el llano, hay que coger la vara a la altura del hombro. En las subidas, más abajo, a la altura del pecho. Y en las bajadas, más arriba, a la altura de la cabeza. También es importante acompasarla al andar. Mira cómo lo hago». Y Pablito arranca con la coreografía jacobea que ha repetido miles de veces. «Empiezo con la vara apoyada en el suelo, luego la muevo hacia adelante y doy un paso, dos, tres, y al cuarto vuelvo a apoyarla. Un, dos, tres y pum; un dos, tres y pum. Y mira cómo llevo la columna vertebral: siempre recta. Muchos van encorvados y acaban con dolores de espalda, de rodillas, de todo».


«¡Es Pablito, no Pablo!»
Para quien camina cientos de kilómetros, cualquier mala posición o cualquier roce pueden derivar en un suplicio. Por eso Pablito mima hasta el último detalle: no sólo se fija en la altura del peregrino para decidir el tamaño de la vara, sino que le mira la mano para calcular el grosor adecuado. Y lija la parte que el peregrino va a agarrar para que el tacto sea suave.Pablito también prepara café para los caminantes. Les da fruta y agua fresca. Les sella las credenciales con un cuño propio. Y solía acoger a los que llegaban tarde, lesionados o agotados. «Pero se corrió la voz y empezó a venir cada vez más gente a pedir varas y café y hasta sitio para dormir. Hombre, yo puedo hacer café para cuatro o cinco, pero no para cincuenta. Y regalo varas, pero no me gusta que vengan a pedírmelas para llevárselas a otras personas: que vengan al Camino, que para eso son. Hasta llegaron a llamarme por teléfono para reservar noches en mi casa. Y ahí ya tuvimos que cortar, porque algunos abusan. Pero yo sigo saliendo todos los días a esperar a los peregrinos». Cuando llegan a Ázqueta, muchos preguntan por las varas que regala Pablo. «Y yo no me llamo Pablo, ¿yo me llamo Pablito!». Lo confirma su carné de identidad y el santoral: junto a las docenas de santos que llevan el nombre de Pablo, figuran no uno sino dos Pablitos. San Pablito niño mártir: 13 de noviembre. San Pablito mártir: 19 de diciembre.Pablito siempre tiene una provisión de varas, aunque cada vez le pesan más los esfuerzos para traerlas: «Es que tengo 73 años. Y artrosis. Hay que entrar al monte por los caminos, que no es fácil, buscar los avellanos, cortar las ramas, cargarlas hasta el coche En cada viaje me traigo unas 150. Ahora me ayudan unos primos y unos amigos porque yo ya no puedo andar como antes».


Cartas de todo el mundo
Hay una recompensa que alivia todos los pesares: el recuerdo y el agradecimiento. El ciento por uno. A Pablito le gusta que los peregrinos se acuerden de él cuando abrazan a Santiago. Y no para de recibir cartas y paquetes de todo el mundo (a menudo con tres palabras como toda seña: Pablito. Ázqueta. Navarra). «Me han regalado cristos, rosarios, medallas, navajas, banderas, hasta piedras preciosas Podría montar un museo». Le citan en documentales, reportajes, libros, guías, blogs: «Estoy muy escrito en Brasil, porque vienen a buscarme un montón de brasileños. Me han regalado banderas de su país y una camiseta con la que jugó Ronaldo en la selección». La historia del hombre de Ázqueta se difunde entre los peregrinos, de albergue en albergue, desde Roncesvalles hasta Santiago, de un país a otro. Basta con buscar a Pablito en la 'blogosfera' para darse cuenta de que el encuentro con él es uno de los recuerdos que más emociona a muchos peregrinos. Algunos relatan cómo acabaron tocando el piano en su salón y cómo la música atrajo a un montón de peregrinos, mientras Pablito preparaba café para todos. Otros tomaron con recelo la invitación para entrar en su casa y se encontraron con algo que primero extraña -porque no estamos acostumbrados- y luego conmueve: la bondad, el desinterés, la hospitalidad con el forastero, que no es más que un café, charla y una vara.«Si la vida no es más que eso», dice Pablito, «lo demás son complicaciones. Como el dinero. Yo no quiero que me domine el dinero. Esta mañana estaba desayunando y justo han llegado unos peregrinos, pues he dejado de desayunar y he salido a atenderles. Ya está, eso es todo. De lo que más gozo es del bien. Al mal no le saco ningún lucro». 

Dice un poema colgado en su casa:

«Peregrino, estás en Azqueta.
Haz un alto en este hito
que fuerte bordón de avellano
aquí te ofrece Pablito
para llevar en tu mano. 

Santiago está muy lejos 
para quien va caminando.
Será lanza para tu valentía, 
defensa ante los miedos, 
ayuda en las subidas, 
sostén en el descenso 
apoyo en las fatigas. 
¡Bordón, amigo
de avellano!»

www.elcorreo.com

Azqueta (Navarra): Pablo Sanz, Pablito el de las varas



Pablo regala a los peregrinos en Azqueta (Navarra) bordones realizados por él mismo con ramas de avellano y conchas de vieira.



Las estelas son piedras verticales que destacando en el terreno identificaban una sepultura. La mayor parte de las conservadas suelen estar decoradas o presentar inscripción. Sin embargo, el uso de éstas debió ser minoritario y ajeno a las capas populares de la sociedad que emplearon otros sistemas de señalización como lajas apenas desbastadas hincadas en el suelo, hitos de madera, túmulos o acumulaciones de piedras. 





Nota de Alfonso Biescas:16.03.00. Azqueta.

Subo el repecho de entrada al pueblo y me siento junto a la iglesia. No voy cansado pero a veces me gusta parar y saborear lo que de Camino he hecho. Se me acerca un hombre amable y cariñoso. Me pregunta cómo voy. Le respondo y hablando con él descubro que es Pablito, el famosísimo personaje del Camino que regala bordones de avellano a quien se lo pide. Al llegar Txemari, nos hace pasar a su casa a tomar un café, el mejor regalo que nos podía ofrecer. Mientras lo prepara, Txemari se lía con un cuadro de carlistas que ve en la pared. Dice que son no sé qué y a partir de ahí entablan una entretenidísima conversación sobre el tema. Txemari, no se sabe de dónde, saca el sello del Cura de Santa Cruz y nos lo estampa a cada uno en nuestros cuadernos, el suyo de cuentas, el mío de viaje. Saca Pablito su sello y nos lo pone en nuestras credenciales. Como yo no tengo sello que poner, le prometo al dueño de la casa que le voy a diseñar y hacer uno porque el que usa es lo más tosco que por la Ruta corre. Me da los datos, los apunto y nos despedimos con un Buen Camino, que se nos ha ido la mañana en amable charla.


Nota de Alfonso Biescas: 14.03.01. Azqueta.
Llegando a Azqueta vemos a Pablito trabajando en un campo. Le saludo y le pregunto por su salud, ya que me habían dicho que había estado muy enfermo, incluso algunos afirmaban que había muerto. Nos invita a un café. Le seguimos Derren y yo. Como no me recuerda le comento que el año pasado por las mismas fechas, me invitó como ahora a pasar a su casa. Estuvimos hablando sobre el cuadro del Ejercito Carlista que tiene en la pared con un especialista en el tema, el cual me estampó en el cuaderno de viaje el sello del Cura de Santa Cruz, pieza curiosísima. Mientras piensa, le digo que soy quien le ha diseñado, hecho y mandado un sello. Y entonces me echa una amable bronca. Dice que no lo puede usar pues pone Pablo cuando él es Pablito. Me defiendo diciendo que no lo entendí bien y prometo enmendar el error. Y consigo, que como excepción, me ponga el sello que le envié. Nos despedimos, pues algún día volveré a pasar, aunque el próximo año intentaré de nuevo la Vía de la Plata. Antes de salir nos regala unas conchas ya que preferimos el bastón telescópico que ambos llevamos, a sus afamadas varas de avellano. Es difícil irte de su casa sin un detalle de su gentileza. He de reconocer mi pecado pues nunca le mandé a Pablito la rectificación. Pero como podemos observar en el sello, alguien se lo retocó a su gusto. La imagen que usé para el sello es una antigua estela vasca ya que en su casa tiene una que retiró del antiguo Camino.

Pablito de Azqueta, Pablito el de las varas.




¿Qué es un bordón? 

El bordón es una madera tradicionalmente de avellana o castaño que los peregrinos usan como apoyo para caminar. Actualmente, muchos peregrinos han sustituido la tradicional vara por palos de trekking parecidos a los bastones de esquiar pero los más conservadores siguen prefiriendo el bordón para darle un toque “más peregrino”.


¿Para qué sirve?
El bordón tiene muchos usos. Intentaré reflejar muchos de ellos pero antes de nada debes tener en cuenta que no a todo el mundo le gusta caminar con bordón, es un tema personal y tu como peregrino tienes que buscar la máxima comodidad en todo momento. Algunas de estas utilidades son aportaciones de los miembros de nuestra comunidad en facebook a la que te invito a unirte.El bordón sirve para caminar y cuidar tus rodillas. Suele ser muy útil, en especial, para las bajadas ya que las rodillas no se cargan tanto con el peso.Tradicionalmente, tenía la utilidad de protegerte de los peligros del camino. Aunque ahora, el camino es un lugar seguro siempre puede ser útil el bordón para ahuyentar a los perros u otros animales que te encuentres.Otro uso importante del bordón es que te identifica inmediatamente como peregrino.Ayuda mucho a marcar el ritmo del paso y equilibra el peso de la mochilaMuy útil en los lugares de difícil acceso como en el barro, etc. existen muchos otros usos secundarios.

¿Qué características tiene que tener un buen bordón? ¿Y dónde conseguirlo?
Hay varias formas para hacerse con un buen bordón. La primera es adentrarte en el bosque y hacerte con uno. La segunda es comprarlo en las muchas tiendas que lo venden a lo largo de la ruta. Y la tercera, la más entrañable, la más auténtica, es pasar a saludar a Pablito, Pablito de Azqueta, Pablito el de las varas.El tramo navarro del Camino no podría entenderse sin la presencia de este hombre que pasa de los setenta años y que espera en el campo o junto a su casa de Azqueta -siete kilómetros después de Estella- a que pasen los caminantes. Te saluda, te invita a pasar a su casa a tomar un café y te regala una vara. Una a tu medida. Él sabe. Prueba con una y con otra hasta dar con la que mejor vaya con tu altura y constitución.Pablito atiende cada año a miles de peregrinos. Según sus cálculos, ha entregado ya más de 25.000 varas. Él mismo se ocupa de cortarlas en los bosques de Belate, aunque ahora, por eso de la edad, recurre a sus sobrinos para que le echen una mano. Elige las mejores varas de avellano, una madera flexible y recia al mismo tiempo. A cambio, no pide nada, pero por el cariño con el que enseña las postales y fotos que le envían los caminantes, se adivina que agradece una postal al llegar a Compostela.

¿Bordón o bastón extensible..? 
Hay quien se ha pasado a los bastones extensibles que se pueden comprar en las tiendas de deportes. Los he probado y me gustan para pequeñas travesías de montaña, para paseos abruptos donde necesitas un punto de apoyo, pero para el Camino nada como el bordón tradicional. Lo que más me gusta de ellos es su altura. Deben medir al menos un par de palmos más que el peregrino. De ese modo puedes sujetarlo mucho más arriba que un bastón extensible, logrando una postura erguida. La espalda sufre mucho menos al no ir encorvada bajo el peso de la mochila. Además, el cálido tacto de la madera no es comparable al plástico de los bastones extensibles; y son muchas horas cada día con el bordón en la mano. ¿Y qué me decís del rítmico sonido del bordón en el suelo del camino?

Y vosotros, ¿Qué preferís Bordón o Bastón?

Jesús Arias Jato, hospitalero de Villafranca del Bierzo
Hospitalero es la persona encargada del cuidado de un hospital, o también, aunque está en desuso, la que hospeda en su casa.
En el Camino de Santiago recibe este nombre la persona que, de forma voluntaria, colabora en el mantenimiento y cuidado del albergue de peregrinos. Esta persona tiene que haber realizado el Camino y atiende a los peregrinos difundiendo la historia, el arte y la cultura del entorno donde se sitúa el albergue, así como resolviendo las dudas y preguntas sobre la ruta.