Mostrando entradas con la etiqueta Gastronomía en el Camino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gastronomía en el Camino. Mostrar todas las entradas

Quesos La Oveja Que Bala (LOQB) en Carrión de los Condes (Palencia)

 

Queso semicurado LOQB (La Oveja Que Bala)


    En Carrión de los Condes resulta imprescindible degustar alguna de las variedades de este queso de leche cruda de oveja. Lo suelen tener en tiendas de alimentación, bares y restaurantes. El semicurado está espectacular.


El vino en el Camino de Santiago

Fuente del vino de Bodegas Irache en Navarra

Alrededor de la ruta más fascinante del Viejo Continente se asentaron diferentes órdenes monásticas que mantuvieron viva la cultura vitivinícola. Hoy, su legado marca los pasos de peregrinos de todo el mundo.



Santiago siempre espera al final, pero no todos los caminos que conducen a la capital gallega están marcados por flechas amarillas y piedras atávicas; los hay que serpentean entre muros de viña erigidos alrededor de iglesias y monasterios: algunos salvajes y subyugantes, otros de belleza serena.



    En este Año Xacobeo –se celebra cuando la festividad del Apóstol Santiago del 25 de julio cae en domingo–, os vamos a guiar a través de un Camino vinícola vibrante que calmará la sed del peregrino. Aunque quizá no haga falta... porque como dice el refrán: "No verás peregrino sin su bota de vino"... o “El buen vino resucita al Peregrino”



    El Camino de Santiago es una de las rutas más fascinantes de Europa –incluso para los descreídos–, con una historia milenaria unida al vino desde sus comienzos: alrededor del año 820 se halló la tumba de Santiago el Mayor, y se creó el lugar sagrado para venerar sus restos. Pronto se convirtió en un importante centro de peregrinación internacional, atrayendo a diferentes órdenes monásticas –como los cistercienses, de origen francés– que se establecieron en sus alrededores. En la Edad Media, estos monjes jugaron un papel fundamental en la expansión del cultivo de la vid, introduciendo nuevas variedades y manteniendo viva la tradición vitivinícola de las zonas donde se asentaron. Alrededor de las grandes extensiones de viñedo que cultivaron, surgieron diferentes construcciones ligadas a la producción de vino: monasterios, bodegas, prioratos, granjas, iglesias... que han llegado hasta nuestros días, configurando un patrimonio arquitectónico emocionante.


    De todos los itinerarios jacobeos, el Camino Francés es el que mayor tradición histórica atesora. En el Libro V del Codex Calixtinus, una guía medieval de la peregrinación a Santiago, se detallan los tramos del Camino Francés desde el país vecino: tres de sus rutas entran en España por Roncesvalles (Navarra), y otra por Aragón. En cualquiera de los recorridos, el viajero se encontrará con zonas vinícolas de una diversidad magnética.
De hecho, una de las paradas vinícolas más curiosas de la Ruta Xacobea nos lleva a una centenaria bodega navarra, Irache –cuya historia está profundamente unida al Monasterio de Irache y a los monjes benedictinos que lo habitaron–, que alberga la única fuente de vino de todo el Camino de Santiago. Cada día se llena con 100 litros de tinto joven, evocando la hospitalidad de aquellos monjes que recibían a los peregrinos con un vaso de vino.

Fuente del vino de Bodegas Irache en Navarra



    En sus siguientes etapas, el Camino Francés se adentra en tierras riojanas, y en esa encrucijada que es Navarrete se halla la única bodega de la D.O.Ca. Rioja por la que pasa el Camino Francés hacia Santiago: Bodegas Corral, que el año pasado inauguró un espacio muy especial para el peregrino con wine bar y una terraza con vistas al propio Camino, al viñedo y al antiguo Hospital de Peregrinos de San Juan de Acre.



    Burgos, Palencia y León, regiones con una historia vitivinícola apasionante, abanderan el tramo castellano del Camino, que termina en El Bierzo con uvas Mencía. Allí, Raúl Pérez, el genio irreverente, atrapó el singular paisaje xacobeo en uno de sus proyectos más carismáticos y lo bautizó con la palabra latina con la que se saludaban los peregrinos: Ultreia (adelante).




    Ya en Galicia, la ruta más transitada no serpentea junto a ninguna Denominación de Origen, pero sí lo hace el Camino de Invierno, tradicionalmente utilizado por los peregrinos para evitar las nieves de O Cebreiro. Este itinerario de poético nombre se sumerge en dos de las comarcas vinícolas más abruptas y turbadoras del mundo: Valdeorras y Ribeira Sacra –alberga la mayor concentración del Románico rural de Europa–, bellas hijas del vértigo.


    Fuera de los caminos xacobeos oficiales, existe el Camiño Miñoto Ribeiro, una de las rutas más antiguas que enlazaban el norte de Portugal con Santiago, y que está en proceso de petición de oficialización. Este itinerario se entrelaza con el Camiño do Viño (marca enoturística de la Ruta do Viño do Ribeiro) y también con el que seguían los arrieiros para llevar el codiciado vino de Ribeiro a Santiago de Compostela –Ribeiro fue el suministrador principal del vino que bebían los peregrinos tanto en la capital gallega como en las últimas etapas del Camino–. Desde la D.O.P. Ribeiro reivindican la figura histórica de esos arrieiros y el valor de aquella ruta tremendamente simbólica (como nos explica Juan Casares, presidente del Consejo Regulador): "Puede llegar a ser una experiencia única en España, un camino iniciático en el mundo del vino que pasa por bodegas, viñedos, enclaves arquitectónicos culturales importantes...". Y que termina en Santiago, desenlace y principio de un nuevo camino.






    Esta divertida experiencia, ideada por el sumiller malagueño Enrique López, propone un peregrinaje muy original y hedonista que atraviesa los viñedos de Rioja, Ribera de Duero, Toro, Bierzo y Ribeira Sacra en seis etapas, con paradas en cinco bodegas.




Fuente: MIVINO,
LAURA LÓPEZ ALTARES, 2021-07-02 00:00:00

Los cocineros Victor Gloger y Samuel Perea en el Fórum Gastronómico Santiago 2012

 
Victor Gloger y Samuel Perea, segundo y tercero por la derecha respectivamente
 
La cocina sefardí y productos malagueños unidos en Fórum Gastronómico Santiago de Compostela - 2012

Taller activo, donde dos prestigiosos cocineros el israelí Victor Gloger y el malagueño Samuel Perea ambos fundadores de la ONG Cocina por la Paz, harán un recorrido por los sabores de Sefarad.

“APERITIVUS” Cocinando en miniatura, es la interpretación original de registros y sabores que estos dos cocineros reconstruyen de la cocina tradicional sefardí.

Para su intervención en el Fórum, Victor Gloger y Samuel Perea han elegido productos procedentes de varias comarcas de Málaga. El chivo lechal de cabra malagueña, el aceite ecológico de Sierra de Yeguas y Benagalbón , las aceitunas verdes de Álora, vinos de Moclinejo o el pan de Alhaurín el Grande, sirven de vehiculo excepcional para ilustrar y recrear sus recetas.

El taller está vinculado al programa de excelencia RASGO de las 23 ciudades de la Red de Juderías de España.

 
Aperitivus ¡Que gran momento!

El acto gastronómico con mayor arraigo en muchas culturas es sin lugar a dudas el aperitivo.

El aperitivo se convierte en el premio del día. La gran oportunidad para compartir con una buena compañía alguna de las miles de joyas que hay en la gastronomía popular.

El aperitivo es alta cocina en miniatura, unos minutos explosivos, una promesa culinaria.

Para Victor Gloger y Samuel Perea la cocina es un paseo tranquilo cargados de sentimientos, sensaciones y emociones, su cocina es la síntesis de la sencillez, la elegancia y la excelencia. Sus recetas siempre inspiradas y elaboradas con frutos muy cercanos y arraigados al “terreno” buscando siempre que el producto sea “verdadero” y único protagonista.

A b r i e n d o  el  a p e t i t o

Molturado de aceitunas verdes de Álora y pan de cristal de Alhaurín el Grande.

Sopita cremosa de berenjena tostada y queso de cabra con un toque de ajedrea.

Tortillita de cous cous de chivo lechal de cabra malagueña.

Falafel de mero con tehina verde.

Flor de alcachofa aliñada con salsa de naranja, miel y vino de Málaga.

Chraime de lubina.

Humus con costillitas de chivo lechal de cabra malagueña.

Yema con P.X de Moclinejo y chocolate.

Torta Malabí.

Canutillos de gachas del Valle de Abdalajís.
 
“APERITIVUS” Cocinando en miniatura, es la interpretación original de registros y sabores de la cocina tradicional sefardí, que reconstruyen los cocineros Victor Gloger y Samuel Perea, fundadores de Cocina por la Paz.

Cachopo o San Jacobo antiguo


Etímológicamente cachopo significa tronco de arbol seco, lo cual no tiene nada que ver con este plato al que los franceses llaman Cordón Bleu, sin embargo si lo concebimos como variante del vocablo gallego Xacobo, entonces nos encontramos con el mismo plato, el San Jacobo, y que seguramente, aunque no aparezca en ningún libro de cocina gallega sin duda por el olvido en que cayó la peregrinación jacobea en los ultimos siglos, debía ser uno de los platos de lujo con que se obsequiaba a los grandes señores cuando por fin cruzaban Piedrafita o a algún peregrino que hiciera alguna heroica gesta.

Esta es la versión que a mi modesto entender mas se debe aproximar a lo que en su día fue el plato jacobeo.

INGREDIENTES (para cuatro "san jacobos")
8 filetes de ternera
8 lonchas de queso del país
4 lonchas de jamón serrano
1 bandeja de champiñones frescos
1/2 Kg de guisantes tiernos
Pan rallado, mantequilla, sal, limón, ajo, aceite.
 

Puesta en marcha:

1. Limpieza: Se cortan unos escalopes del tamaño de la palma de la mano y se aplastan con la piedra. Es importante recordar que los filetes deben siempre cortarse perpendicularmente al sentido de los haces musculares de la pieza, solo así resultarán tiernos, faciles de cortar y no encogerán al freirse.

2. En una bandeja grande llena de pan rallado, colocamos la mitad de los filetes, sobre ellos una loncha fina de queso del país, otra de jamón serrano, otra de queso y otro filete encima, se cubre con pan rallado y se aplasta bien para que se compacte. Para lograr ese efecto es mejor utilizar el queso a temperatura ambiente, o sea un poco blando, luego los cachopos se meten en la nevera y así toman mas cuerpo.

3. En una sartén se pone a dorar cebolla con ajito picado y cuando toma color se ponen los champiñones, previamente cortados, pasados por un agua acidulada de abundante limón, escurridos y secados con un paño. Deben saltarse a fuego vino para que se doren sin llegar a expulsar toda su agua de vegetación.

4. En una olla se cuecen los guisantes sin agua, solo con un poco de mantequilla y poniendo encima una lechuga partida a la mitad.

Terminación del plato:

Al momento de ir a comer se frien los cachopos en abundante aceite bien caliente para que se hagan rápidamente por ambos lados sin empaparse, y sin que apenas le de tiempo al queso a fundirse y salirse del emparedado, lo que organizaría una auténtica batalla.

Es importante que todos los productos sean de la tierra, ya que ello dará diferentes sabores. Por ejemplo en Extremadura con jamón de Montanchez y queso del Casar, sabrá mucho mas intenso que en Asturias con queso de Afuega’l pitu y jamón de Vidiago.

Guarniciones:

Las guarniciones son las ya descritas de los champiñones y los guisantes que se ponen de un lado y otro de cada cachopo. Es habitual poner patatas fritas, como con todo en este país, pero si queremos respetar el caracter histórico del plato, estas deben substituirse por nabos cocidos o fritos en manteca, que además están mucho más ricos.


Cachopo do Cebreiro
Si es cierto que los cachopos eran comidas que se daban a los peregrinos para reponerles sus fuerzas, de lo cual no estoy del todo seguro porque me parece demasiado fino, la verdad es que estos estarían deseando llegar a Piedrafita para merendarse uno de estos manjares preparado con ese delicioso queso.

He aquí una receta más completa.

Se preparan los cachopos como en la receta anterior pero poniendo queso del Cebreiro, no muy tierno, en vez de queso del país.
Al sofrito de champiñones se le agrega un buen puñado de queso, que ha de ser muy fresco, cortado en daditos, y se rocía con un cuarto litro de nata, se salpimienta y se remueve hasta que el queso se funda formando una crema homogenea.
Para servir se pone el cachopo en el centro del plato, se cubre con la crema de champiñones al queso. Alrededor se ponen los guisantes y coronando el cachopo, un plumero de hinojo.

¿A que si supiesen dónde hacen esta plato irían a comerlo aunque fuese andando? Yo también.

El San Jacobo, plato estrella del Camino de Santiago




Evidentemente este nombre procede de las hosterías del Camino de Santiago y venía a ser algo así como el plato de lujo con el que se obsequiaba probablemente a los peregrinos que hubiesen realizado alguna heroica gesta.

Es algo así como un compendio de todo lo que un hambriento sueña con devorar para reponer fuerzas, y además si sobra se puede guardar en el morral.

INGREDIENTES (para cuatro "san jacobos")
    8 filetes de ternera
    4 lonchas de jamón o lacón
    8 lonchas de queso de nata
100 gr. de champiñones
    2 cebollas
    3 huesos de caña de ternera
    Pan rallado mezclado con queso y perejil

Puesta en marcha:

1. Se espolvorea de pan rallado (mezclado ya de antemano con queso y perejil picado) y se extienden cuatro filetes de carne, sobre cada uno de ellos se pone una loncha de queso y sobre estas otra de jamón, otra de queso y otro filete, se cubre con más pan rallado y se aprietan bien estos montaditos para que se compacten. Luego se guardan en la nevera para que se compacten.

2. Para la salsa pondremos en una sartén las cebollas bien picadas a rehogar con aceite o mantequilla, y con los huesos, cuando tome color añadimos los champiñones cortados en láminas y salpimentamos, luego retiramos los huesos sacando el tuetano que despachurramos en la salsa y reservamos.

3. Para servir freimos los emparedados en abundante aceite bien caliente para que se doren rápidamente sin desparramar el queso y ya en cada plato, o en una bandeja, se rocían por encima con la salsa que ha de estar bien caliente.

Variantes del plato:


Una versión más refinada es poner entre los filetes una loncha de foie de pato en vez del queso y el jamón, luego se prosigue de la misma forma pero antes de servir se cubre con una loncha de queso del Cebreiro o de Afuegal pitu y se le da un golpe de horno para que se funda.

La gastronomía del Camino, resumida en un libro


"Las cocinas del Camino de Santiago" es un libro que describe las distintas gastronomías que recorre el Camino de Santiago y del que ya hicimos una reseña. Ha sido escrito por varios expertos gastronómicos. Aragón aporta su granito de arena en la gastronomía del camino. Eduardo Dueso, escritor del capítulo de Aragón, explica en qué consiste el libro y qué secretos esconde la comida del Camino...

San Jacobos rellenos de calabacín... comida del Camino



¡Comida para el peregrino! Hagamos un delicioso descanso para tomar la receta de Ana Puyuelo, propietaria del restaurante La casa del arco, de Jaca (Huesca)... No te arrepentirás...


Las cocinas del Camino de Santiago



“Las cocinas del Camino de Santiago” es un libro que nos muestra una la parte gastronómica de la ruta, que se centra desde sus orígenes medievales hasta nuestro tiempo, describiendo en su interior recetas, tradiciones, costumbres culinarias y productos autóctonos de cada región o territorio por el que discurren las tres principales versiones del Camino: el Francés, el de la Costa y la Vía de la Plata.
20 especialistas, redactores y fotógrafos en materia gastronómica, y los mejores cocineros de cada comunidad, han sido los responsables de “dibujar” un camino diferente, desconocido, aunque muy sabroso que nos conduce directamente hasta Santiago de Compostela, en Galicia.
Aunque “Las cocinas del Camino de Santiago” es más que un viaje gastronómico. Paso a paso el peregrino puede contemplar y disfrutar en el Camino de Santiago de otros aspectos relacionados con la cultura y su contexto histórico, aparte de la gastronomía, como es la arquitectura Románica, uno de los artes más representativos de la peregrinación y que en este libro tiene una especial atención.
Cada capítulo, dedicado cada uno de ellos a una región por la que discurre el camino, se abre con una referencia al entorno por la que se transita para después describir la cocina tradicional y su historia hasta nuestros días, con una especial atención al mundo del vino (un producto muy importante en la cultura histórica de nuestro país), para terminar con una selección de diferentes restaurantes donde el peregrino puede hacer una parada y probar una cocina desde la más tradicional a la más vanguardista.
Como puedes ver, “Las cocinas del Camino de Santiago“, es un libro que refleja el pasado, presente y futuro del Camino, desde una visión gastronómica y cultural, ideal tanto para aquellos lectores que han hecho el camino o aquellos que tengan en mente realizarlo algún año, aunque sus dos kilos de peso lo convierten en un pequeño “obstáculo” a la hora de preparar la mochila, por eso nos recomiendan consultarlo antes de echar a andar por los diferentes caminos que llevan hasta Santiago.

Prólogo, Ymelda Moreno y de Arteaga.
Capitulos:
  • Un camino, un arte y una guía para ambos. Jaime Cobreros Aguirre.
  • El camino gastronómico, Cristino Álvarez “Caius Apicius”.
  • Aragón, Eduardo Bueso.
  • Navarra, Mikel Corcuera.
  • La Rioja, Fernando González de Heredia “Tote”.
  • Castilla-León, Javier Pérez Andrés.
  • País Vasco, Manolo González.
  • Cantabria, Javier Hernández de Sande.
  • Asturias, Eufrasio Sánchez.
  • Vía de la Plata, Juan Antonio Díaz Gutiérrez.
  • Galicia, Maribel Corbacho.

ISBN: 9788461414208
Tamaño: 29×30 cm.
Páginas: 256

Bacalao a la Trampa



Ingredientes:
Bacalao seco, 500 grs.
Ajo, 6 dientes.
Pimentón dulce, 1 cucharada.
Aceite de oliva, 8 cucharadas.
Vinagre, 1 cucharada.
Sal al gusto (más bien poca o ninguna)
Manos a la obra:
Remojar el bacalao en agua fría durante 48 horas, cambiando varias veces el agua en ese tiempo. Escurrirlo, quitarle las espinas y trocearlo. Colocar el bacalao en una cacerola cubierto de agua, acercar al fuego y dejar hasta que comience a hervir.
Escurrir el bacalao y colocarlo en una cazuela de barro. Calentar el aceite en una sartén y dorar los ajos pelados, enteros.
Sacar los ajos escurridos y colocarlos en un mortero con el pimentón y un poco de sal. Machacar hasta conseguir una pasta. Regar con el vinagre y el aceite de freír los ajos y diluir bien.
Verter el contenido del mortero sobre el bacalao. Acercar al fuego, cocer durante 2-3 minutos y servir inmediatamente.

Fabada Asturiana


Ingredientes:
Judía blanca, 500 grs.
Panceta, 150 grs.
Chorizo (tipo gallego), 3 unidades.
Morcilla (seca), 3 unidades.
Punta de jamón, 1 unidad.
Lacón, 200 grs.
Azafrán al gusto.
Sal al gusto.
Manos a la obra:
Poner las judías a remojo la víspera. Escurrirlas, pasarlas a una olla, cubrir con agua fresca y acercar al fuego. Cuando rompa a hervir, cortar la cocción con un chorrito de agua fría y repetir esta operación 2 veces más. Espumar la superficie con un cacillo. Añadir la panceta, los chorizos, la punta de jamón y el lacón. Tapar y cocer menos tiempo del que indique el fabricante.
Cuando se pueda abrir la olla, diluir el azafrán en 4 cucharadas del caldo de las judías y agregarlo a la olla junto con la morcilla, previamente lavada, sazonar y termina de cocer con la olla abierta para que espese la salsa.
Antes de servir la fabada, sacar unas cuantas judías y machacarlas con un tenedor hasta obtener una pasta. Agregar ésta al caldo y remover. De esta manera el líquido quedará más ligado y la fabada más consistente. Sacar a la mesa bien caliente.

Quesos del Camino de Santiago


Algunos grandes almacenes e hipermercados promocionan en estas fechas los magníficos quesos que podemos encontrar en el Camino: Desde los inigualables del Valle del Roncal en Navarra hasta los gallegos de Arzúa Ulloa y Cebreiro... ¡Divertimentos de paladar!

El queso de Cebreiro


Toda esta zona presenta un clima oceánico de montaña. Las actividades agrícolas se encuentran muy limitadas por las características continentales, en particular por las frías temperaturas y la presencia de heladas durante la mitad del año. Es un territorio más favorable para la actividad ganadera, por la presencia de buenos prados naturales y pastos.

Se atribuye su origen a los primeros monjes que se instalaron en el poblado de O Cebreiro, lugar en el que el Camino de Santiago Francés entra en Galicia. Dos docenas de quesos de Cebreiro se remitían anualmente a Portugal, para consumo de la Casa Real portuguesa durante el reinado de Carlos III.
En el libro «Geografía General del Reino de Galicia» (1936), se recoge información relativa al queso del Cebreiro, de sus características y forma de elaboración. Posteriormente, y ya en los años 1960, Carlos Compairé Fernández publicó diversos estudios sobre estos quesos.

Queso de Arzúa - Ulloa


La zona de elaboración de quesos amparados por la D.O. Arzúa-Ulloa comprende los municipios de las comarcas de Arzúa, Melide, A Ulloa y Chantada.
Este apreciado queso se caracteriza por su forma cilíndrica, corteza fina y elástica, de color amarillo medio, brillante, limpia y lisa. Es un queso de color uniforme, entre blanco marfil y amarillo pálido, de aspecto brillante, sin grietas y con pocos ojos, pequeños y de distribución irregular. Su aroma es lácteo, con matices a manteca y yogurt, y sutiles toques a vainilla, nata y nuez.
En la villa de Arzúa se celebra cada año una multitudinaria fiesta de exaltación de este queso, con una variada programación de conciertos que atrae a miles de personas.

Queso, aguardiente y tarta de almendras en el Camino de Santiago


El Camino de Santiago es recorrido desde hace más de un milenio por los hombres en busca de la compostela –la credencial del peregrino– que se otorga a los que llegan a Santiago cumpliendo el ritual religioso. Galicia es tierra de tradiciones atávicas y también –o quizás gracias a ello– un paraíso del hedonismo gastronómico y enológico. Su agro es hogar de productos que la tierra, agradecida, regala cada temporada. De la leche al vino, desde los grelos hasta la miel, en sus viandas se puede apreciar el respeto a la materia prima y el mimo artesano depositado por los agricultores y ganaderos durante siglos de labor.
Los caldos gallegos, elaborados tradicionalmente en las pequeñas fincas de esta tierra de minifundios para el consumo de las gentes del campo, ven en los últimos años cómo aumenta exponencialmente su prestigio, y algo similar ocurre con las múltiples variedades de queso de la región y el resto de productos gastronómicos artesanales. Con un paseo por varios concellos del camino francés acabando en Santiago de Compostela es posible navegar por parte del universo de saberes y sabores que cultiva Galicia.
El recorrido empieza por O Cebreiro, el lugar por donde entran en la comunidad los peregrinos. De esta aldea son los famosos quesos de Pedrafita (nombre del municipio o concello donde está O Cebreiro). Se trata de unos quesos cremosos, con forma de gorro de cocinero y sabor algo ácido. Con un buen membrillo y un café de pota (de puchero) resultan un postre ideal. La arquitectura da en O Cebreiro la clave para averiguar el tiempo que el hombre lleva morando estas tierras: junto a varias pallozas prerromanas los edificios modernos conviven en una armonía que sólo el paso de los siglos es capaz de alcanzar.
A continuación hay que cruzar el alto de Poio y después, rodeada por castros, surge Triacastela, con su iglesia de Santiago y las capillas de Santa María do Monte y Vilavella. Sólo queda una parada para llegar a Sarria, villa de anticuarios, y ésta ha de ser en Samos y su monasterio, con el claustro gótico de As Nereidas.
El nuevo Portomarín, construido tras el anegamiento del antiguo pueblo por las aguas embalsadas del siempre presente Miño, conserva el secreto de aquellas casas que hoy yacen en el fondo de este río: un aguardiente en cuyo honor hay incluso se celebra una fiesta (el domingo de Pascua). También es famoso el lugar por sus tartas de almendra: en el pueblo se encuentra una gran fábrica que abastece del energético postre a buena parte de España.
Antes de la monumental sierra de Careón que separa Lugo de La Coruña, Palas de Rei recibe al visitante con la iglesia de Vilar de Donas como hito arquitectónico. Habitada desde tiempos prehistóricos (más de una veintena de castros o aldeas se hallan en el perímetro del municipio y dan fe de la presencia humana), en ella se fabrica tanto el queso de tetilla como el típico de Arzúa Ulloa.
Los 'ricos' de Melide
Ya en la provincia de La Coruña, el viajero disfruta en Melide de un buen resumen de los placeres de la gastronomía gallega. Éste es el hogar en el que nació el suave y untuoso queixo do pais, que con su figura plana y su gran cremosidad se produce además en otros pueblos limítrofes, y también un sitio perfecto para disfrutar del sabor puro de la carne ó caldeiro. Los postres son otra excusa para hacer una parada aquí, y no solo los populares melindres. Resulta imprescindible una parada en Casa Melchora para degustar los ricos, una especialidad propia de la zona tradicionalmente preparada en los lares de las casas rurales y que en esta pastelería se fabrican de modo absolutamente artesanal.
Si Melide es patria del queixo do pais, Arzúa lo es del de tetilla, que en realidad debe ser llamado por el nombre del pueblo y no por el de la anatómica forma. Resulta simplemente delicioso si se acompaña de un poco de miel –la de Arzúa es tan famosa como lo son sus quesos– de la recogida por los apicultores de la zona. El primer domingo de marzo tiene lugar la Feira do Queixo, en la que se puede degustar gran parte de la variedad de estos derivados lácteos que se da en Galicia.
Al oeste queda ya Santiago. Tras Arca, Pereira y Labacolla se yergue totémica la silueta de la catedral. En las callejas que la rodean, cientos de bares y tabernas esperan al visitante para ofrecerle sus vinos, procedentes de cualquier punto de Galicia, sus quesos o los pimientos de Padrón: un festín pantagruélico que remata en buen puerto el fin de este viaje.
(Vanitatis.com)

Un Camino de sabores medievales


Uno de los mayores alicientes que encontramos los peregrinos en nuestro Camino es la impresionante diversidad gastronómica de las regiones por las que discurre la ruta. Avanzando hacia donde se pone el sol, el peregrino atraviesa numerosas regiones y comarcas, cada una de ellas con sus platos populares. Y lo mejor es que la mayoría de ellos hunden sus raíces en la lejana Edad Media, porque no es del todo cierto eso de que los peregrinos medievales se alimentaban sólo de pan y vino.

Pan, vino, queso y carne en salazón eran los ingredientes principales de la dieta medieval, sí, pero aquellos peregrinos, como nosotros, degustaban también en las posadas los platos típicos de las comarcas por las que iban pasando.
Comenzando el Camino en Roncesvalles, la caza era el ingrediente principal de la dieta. Caza, manzanas y sidra. Más adelante llegaba La Rioja, donde el famoso Codex Calixtinus habla de buenos y abundantes vinos, y eso que hace setecientos años que fue redactado. Fueron los monasterios quienes extendieron por estas tierras el cultivo de la vid. Irache, el monasterio y la bodega del mismo nombre, rememoran la tradición con su fantástica Fuente del Vino. ¿Qué peregrino no ha probado ese vino recio y oscuro que mana de su caño?

Con la entrada en Castilla, llegan los cocidos. De garbanzos, lentejas o alubias, potentes platos que luchan contra el frío invernal y llenan la tripa de quienes pasan días de ardua tarea en el campo. Hoy, vemos a los labriegos montados en sus tractores con aire acondicionado y radio, pero hace siglos, el campesino medieval padecía en sus carnes los rigores del duro clima castellano. La olla podrida, de grotesco nombre pero delicioso sabor, es el primer cocido que encontramos. Típica de Burgos, su base son las alubias blancas y el cerdo. ¿Sabíais que era según Cervantes el plato preferido de Sancho Panza?

En León el cocido se viste de maragato y se come al revés, empezando por las carnes y terminando por la sopa. El origen de tan curiosa costumbre es una incógnita, pero cuentan los más ancianos que durante la francesada, los franceses acuartelados en los alrededores de Astorga tenían la mala costumbre de atacar las poblaciones cercanas a la hora del almuerzo. Sus vecinos, hartos de quedarse siempre a medio comer, decidieron invertir el orden habitual de la comida, de manera que si algo hubiere de quedar en el plato fuera la sopa.

Castilla y León es cuna de otro plato humilde de raíces medievales: las sopas de ajo. Humilde, sí, pero verdadero manjar que no suele faltar en los menús del día de estas tierras ricas en pan.

Cuando Galicia se siente cercana, aparece el Bierzo, donde los embutidos y el botillo se vuelven protagonistas gastronómicos. Aquí, como en gran parte de España, la matanza del cerdo fue durante siglos el principal soporte alimenticio de las familias. Botillo y embutidos son un claro ejemplo de esa economía familiar donde nada sobraba y lo que no podía comerse al momento era adobado o salado para su consumo futuro.

Las tierras gallegas se notan con el olfato. Las empanadas, que elaboran en hornos de leña las panaderías de muchos pueblos del Camino, nacieron de la necesidad de unir en un mismo plato la carne y el pan. Sus orígenes se pierden en el tiempo, aunque el Pórtico de la Gloria de la catedral compostelana revela que ya eran comunes en el siglo XII. En su magnífico conjunto escultórico se pueden ver comensales deleitándose con varias empanadas. Otra imagen, muy ilustrativa, muestra cómo el castigo infernal de un pecador consiste en no poderse comer una empanada por tener una soga atada al cuello.

¿Y la queimada? Pues sí, también tiene su origen en la Edad Media, cuando los árabes llegaron a Galicia portando el secreto de la destilación a través de los alambiques.

(http://www.expertosenelcamino.com)

Con pan y vino se hace el Camino


Todos hemos oído y repetido alguna vez esta popular frase medieval, totalmente vigente en nuestros días, que sitúa al vino como uno de los principales ingredientes del Camino de Santiago. Los peregrinos medievales encontraban en el pan y el vino que les proporcionaban los hospitales la fuerza necesaria para hacer el Camino. Hoy, las cosas han cambiado, pero el vino sigue siendo un gran aliciente a lo largo del Camino. Y es que el popular Camino Francés atraviesa varias de las comarcas vitivinícolas más interesantes de España.

Cuando comenzaron las peregrinaciones a Santiago ya existían pequeños viñedos en algunas comarcas de la ruta, pero no cabe duda de que la peregrinación contribuyó en gran medida al desarrollo del cultivo de la vid. Los monjes, a cuya vida monacal estaba estrechamente ligada la cultura del vino, fueron sus principales difusores. Cultivaban sus propios viñedos en los monasterios y hospitales de peregrinos. Aún hoy podemos contemplar en capiteles, retablos y coros de iglesias y monasterios numerosas escenas relacionadas con el vino.
(http://www.expertosenelcamino.com)

Comenzando el Camino en Roncesvalles, el peregrino llega pronto a la comarca de Estella, tierra de vinos rosados, jóvenes y de uva garnacha o Cabernet Sauvignon. Extraordinarios vinos navarros de los que ya daba cuenta el Codex Calixtinus al elogiar a Estella por sus buenos caldos. Precisamente cerca de esta villa, en Iratxe, se encuentra la Fuente del Vino, de la que mana un fresco vino joven de sabor afrutado de esos que dejan espumilla en el vaso.

Después llega La Rioja y su vino excelente. Extensos viñedos acompañan al peregrino en sus etapas riojanas. ¿Quién no ha hecho un alto en el camino para coger un puñado de deliciosas uvas en la subida del pantano de la Grajera o en el alto de San Antón, entre Navarrete y Nájera? Esas uvas, en su mayoría de las variedades garnacha y tempranillo, permiten elaborar vinos clásicos con una buena composición aromática, frescos y de robustez media. Apreciados en el mundo entero, los tintos riojanos, se exportan a todos los continentes.

El Camino atraviesa después las grandes extensiones cerealísticas de Castilla, cruzando por pequeños viñedos y bodegas, testimonio vivo de la importancia que tuvo el vino en estas tierras. Pero durante los últimos siglos las cepas fueron cambiadas por plantaciones de cereal. Es más adelante, tras pasar por la Cruz de Ferro, cuando llegamos a una comarca donde el vino vuelve a adquirir protagonismo. Es el Bierzo, una comarca rodeada por altas montañas que le proporcionan un suave microclima. Aquí se extienden amplios viñedos ondulantes que tienen su origen en las cepas francesas que trajeron los monasterios benedictinos. Las variedades tintas mencía y garnacha tintorera y las blancas, malvasía, palomino y godello dan lugar a vinos rosados, blancos y tintos con carácter. Hay incluso una especie de champán local que una marca muy conocida en la comarca ha bautizado como Xamprada.

Ya en Galicia, sorprenden al peregrino los espléndidos viñedos que, en pequeñas terrazas escalonadas, caen hacia el río Miño en Portomarín. Son tierras de ribeiros afrutados y turbios, de esos que entran demasiado fácil por su sabor amable. Pero aquí, más que el vino, el que se lleva la fama es el aguardiente, considerado el mejor de Galicia y tan querido que incluso le dedican una fiesta el domingo de Pascua.

Y una vez en Santiago, o en Finisterre, qué mejor manera de celebrarlo que una buena comida regada con uno de los extraordinarios albariños de las Rías Baixas. Vinos frágiles, sutiles y ricos en aromas, que evocan las húmedas costas gallegas a las que bañan los vientos del Atlántico, antiguo confín de la tierra y estación término del Camino de Santiago.

El orujo, licor del peregrino (beber con moderación)

Diferentes tipos de orujo casero

Número 7 del Boletín Informativo de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Cartagena:

"El licor de orujo ha sido una bebida tradicionalmente asociada a los peregrinos a Santiago. Sus efectos sobre el caminante son de arrojo y valentía, haciendo el camino más ligero y menos penoso.

Su origen es incierto y parece ser que fue introducido en la península a través del Camino de Santiago desde Centroeuropa. Según algunos, en los siglos XI y XII, coincidiendo con la construcción de la catedral de Santiago, ya era parte esencial en la elaboración de la queimada gallega. Lo cierto es que el consumo de orujo pronto fue común entre canteros, señores, labriegos, marineros y peregrinos, debido a su fácil destilación y a su económico coste.

El aguardiente de orujo se obtiene a partir de la fermentación y destilación de los orujos de uva, es decir, las partes sólidas de la vendimia que no tienen aprovechamiento en la previa elaboración del vino. Hoy día hay una gran variedad de orujos, mejor elaborados que antaño y de mayor calidad. Los más conocidos son el orujo blanco o seco (transparente), el orujo de hierbas, el orujo de miel y el orujo de café, conseguidos estos mediante la maceración de tales ingredientes en orujo blanco. Debe servirse en copa de cristal o vidrio, a una temperatura adecuada: el joven a 13º C y el envejecido en madera algo superior, siendo desaconsejable superarlos 17-18º C.

Hasta no hace mucho tiempo, era normal tomar una copita de orujo por la mañana temprano para matar el "gusanillo" y coger fuerza durante toda la jornada. Dicen que el orujo: "en el calor, refresca, y en el frío, calienta, mata tristezas y mejora la voz". Posee otras virtudes terapéuticas conocidas desde antiguo en medicina popular. Existen muchas recetas de aguardentoterapia: se recomienda contra dolores de cabeza, aplicando en compresas; contra la gripe y el catarro, quemado con una hoja de laurel y azúcar, y también en vahos; se usa en friegas contra enfriamientos, torceduras y reuma; es eficacísimo contra el dolor de muelas. También se utilizaba para lavados vaginales, lógicamente rebajado. En veterinaria se friegan las ubres de las vacas con aguardiente, cuando no dan leche. También se utilizaba para dar friegas en el cuello o pescuezo de los bueyes para que tiraran mejor del carro o del arado.

El peregrino a Santiago puede encontrar en el orujo un eficaz aliado contra el desánimo, las incidencias del tiempo y los padecimientos físicos, por lo que no estaría fuera de lugar introducir en la mochila un frasquito de orujo como remedio o antídoto de posibles dificultades"

Gastronomía en el Camino Aragonés

Una de las rutas provenientes de Francia hacia Santiago de Compostela hace su entrada por el puerto del Somport, el camino aragonés, que es la continuación de la vía tolosana cuyo punto final es un pueblecito llamado Borce en la vertiente francesa. Desde la frontera sigue el curso del río Aragón la Calzada Romana y hasta Jaca es un recorrido de montaña.

La gastronomía que encontramos a lo largo de este tramo del camino es una cocina popular hecha con cariño y esmero, basada en ingredientes propios de la zona; un arte transmitido entre generaciones donde prima una cocina franca, honrada y laboriosa fundamentada en manjares derivados de la caza, tales como el ciervo y el jabalí en abundancia, liebres, corzo, etc… guisados o asados según el antojo de su oficiante. . La caza mayor en el Alto Aragón guisada con vino, hierbas y especias y la menor escabechada, encebollada…

Productos de la huerta, como los espárragos y la borraja, ésta, inmerecidamente desconocida. Por Carnaval, las hojitas de borraja se rebozan y fríen hasta que queden doraditas. Se espolvorean con azúcar y a degustar los crespillos. Los tallos cocidos de degustan como cualquier otra verdura, rehogada o en menestra, resultando de una finura extraordinaria.

De la cría del ganado autóctono, pollos y conejos imprescindibles para los guisos de chilindrón y almendrados o rellenos según las apetencias; el cerdo base de las conservas caseras y matacías, sin olvidar los huevos al salmorrejo; el cordero, mas conocido como ternasco en sus múltiples posibilidades culinarias, ya fuera asado, a la brasa, a la pastora o en una magnifica caldereta con usones (champiñones de primavera). Las calderetas o calderetes, son guisos pastoriles que nos encontraremos en muchos lugares del camino jacobeo.

Del cordero se aprovecha casi todo, así las costillas y chuletas se asan al sarmiento o con astillas de madera de boj, y las paticas, manos e intestinos formando madejas y fritas hasta que queden crujientes y muy doradas llamadas tripiligates contundentes donde los haya y las fritadas (vísceras) son fuentes energéticas apropiadas al clima y a la tierra que las ofrece.

Dada la riqueza de sus bosques no es difícil encontrar gran variedad de setas, muchas de ellas comestibles, ingrediente imprescindible en la elaboración de guisos o como acompañamiento de otras creaciones suculentas.

Nos encontramos asimismo un importante abanico de frutos silvestres: frambuesas, fresitas, garimbastas o bayas como los arañones, tapaculos, etc.., con los que se elaboran exquisitas mermeladas, licores y orujos.

El pan es otro de los elementos siempre presente dentro de la oferta gastronómica. Las migas es una de sus presentaciones más importantes así como las sopas de ajo bien solas, con huevo, jamón o bacalao. Sirve también como ingrediente para el engorde de salsas y base fundamental en la elaboración de algunos postres.

Las truchas que viven en los ríos de estas montañas son asalmonadas y se consideran la reina de estos mares, que junto con el bacalao base de los ajoarrieros cumplimentan la parte menos contundente de la oferta gastronómica.

El queso hecho con leche de oveja o de cabra es también muy reconocido, ya sea muy curado o más tierno y que algunos conservan en aceite de oliva muy aromatizado con hierbas autóctonas como el romero, el tomillo o el laurel, imprescindibles estas en los guisos o calderetas antes mencionados.

Capitulo aparte merecen la repostería. Son reconocidos los dulces tradicionales elaborados con almendra, avellana, miel, etc… la manteca es también importante ingrediente en la elaboración de galletas y bizcochos así como los postres a base de pan y leche tales como las torrijas en sus variadas versiones. En Jaca hay todo un repertorio de dulces: lazos, tronco de yema, patatas de Jaca, corazones de Jaca, pastillas de San Juan de la Peña, coronitas de Santa Orosia, condes de Jaca, los jaqueses.

A través de los años y de los siglos el Camino ha permanecido y la oferta gastronómica ha evolucionado aprendiendo de nuestros ancestros a quererla y a mimarla y con las nuevas técnicas a modernizarla manteniendo toda su tradición de aromas y sabores.

Mertxe Aldanondo

Las sopas de ajo


Ingredientes:
Caldo de pollo.
Ajos (4 dientes)
Aceite.
Sal.
Pimenton dulce.
Huevos.
Pan a laminas.

Preparación:
Echar en una olla los dientes de ajos, previamente cortados en laminas no muy finas, con un poco de aceite de oliva virgen extra en el fondo de la misma.

Cuando los ajos estén doraditos pero sin quemarlos, ya que si se queman luego la sopa amargará, y no queremos que ocurra esto, echaremos el pimentón dulce (no en demasía, con una cucharadita bastará) y unos segundos despues le añadiremos el caldo para evitar que se queme el pimenton dulce y también amargue.

Dejaremos que hierva todo este contenido unos 10 minutos. Paso seguido será probarlo para ver cómo está de sal y añadirle la que veamos que hace falta.

A continuacion añadiremos el o los huevos que hagan falta, uno por persona, dejndolos hervir unos 5 minutos. Como toque final y una vez que tengamos la sopa en el plato le echaremos unas láminas de pan, que pueden ser tostadas, normalmente dos por persona.